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Notas escritas por Juan Jacobo Bajarlia







Autor: Bajarlía, Juan Jacobo, 1914-

Fuente: Clarín (Buenos Aires, Argentina)-- ene. 4, 1990, p. 6..
Año: 1990






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Undurraga y la poesía chilena [artículo] / Juan Jacobo Bajarlía. Atenea (Revista : Chile)-- no. 301 (jul. 1950) p. 88-106 .
  

 

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 Orígenes creacionistas del ultraísmo, los plagios de Guillermo de Torre a Vicente Huidobro [artículo] / Juan Jacobo Bajarlía. Aerea. -- no. 1 (oct. 1997)
 

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Juan-Jacobo Bajarlía: Jekyll y Jack el destripador

  1. La serie sangrienta                                          Ell 6 de agosto de 1888 comienza la historia criminal más desconcertante del Londres de fin de siglo. Es una historia con su ciudad de maldita: el distrito de Whitechapel, con sus calles obscuras, sus casas miserables, sus prostitutas, el hampa agazapada, a la espera del primer desconocido. Transitar entonces por Whitechapel era aventurarse en la ciudad de Dite, descrita en el Infierno del Alighieri. Sólo tenían cabida el azar y los impulsos demoníacos Ese día, 6 de agosto, alguien, no importa quien, descubre el cadáver de una mujer que todos conocían en Whitechapel. Era una prostituta, Emma Smith, que solía recorrer sus callejuelas tenebrosas adivinando miradas. Estaba degollada de oreja a oreja, y su vientre seccionado verticalmente desde el ombligo hacia abajo. Al lado de ella, de sus trenzas revueltas, sobre el pavimento de la maldita callejuela, se hallaban los intestinos, manoseados y dispuestos como un símbolo sinusoidal. Detrás de este dibujo macabro aparecían unas huellas de sangre que se perdían en una acequia. Ahora hubiéramos dicho que un ser incorpóreo, fantasmal, había cometido un crimen para desaparecer en el líquido turbio de una ciénaga que comunicaba con el más allá. El criminal se había diluido como si la acequia lo hubiera devorado.
Examinado el cadáver por la policía, se advirtió en seguida que le faltaba una oreja. Se pensó por un instante que podía tratarse de una muerte por libídine seguida de antropofagia. Krafft-Ebing ya la había descrito en su Psychopathia sexualis (c. VIII). Pero no se trataba de esto, porque al día siguiente, entre la correspondencia anónima del correo, apareció una cajita con destino a Scotland Yard. En el interior de ella, envuelta en papel de seda, el criminal había colocado la oreja que le faltaba al cadáver de la Smith. Asesinato y desafío que comenzó a inquietar a todo Londres. Las características del hecho probaban ya que el desconocido manejaba el bisturí y tenía excesivos conocimientos de anatomía. Probaba, inclusive que una vez degollada y destripada la víctima, el asesino se había recreado con los intestinos hasta disponer sobre el pavimento como si buscara un orden determinado. Por último, con el envío de la oreja a Scotland Yard, habría que pensar en un humorista macabro. (Probablemente es el padre de ese humor negro que luego exaltarían los surrealistas encabezados por André Bretón).
El envío de la oreja, por otra parte, incluía un desaío a continuar. El reto de las tinieblas contra la policía.
El segundo crimen acaeció en el mismo mes: el 31 de agosto de 1888. La víctima fue Martha Traban, una prostituta de 35 años, de larga cabellera rubia y ojos azules. Degollada y destripada. Y también en Whitechapel, a poco trecho del lugar en que había sucumbido la Smith. Pero esta vez los intestinos no habían sido ordenados simbólicamente. Estaban desparramados. Tampoco faltaba una oreja. El desconocido había extraido un riñon como si hubiera trabajado sobre una mesa de operaciones.
Londres comenzó a temblar. Las puertas y ventanas comenzaron a cerrarse muy temprano. Las calles se volvieron solitarias. Alguna vez, en la neblina densa y deletérea sólo se oía el ritmo de unos cascos que avanzaban hacia el misterio. Después se supo de la humorada macabra del asesino. De la reiteración obsesiva. Éste había enviado el riñon a la policía en otra cajita similar a la primera. Scotland Yard quedó escarnecida. Todo Londres se convirtió en una protesta contra su imbatible cuerpo de seguridad. Conan Doyle, que un año antes había creado a Sherlock Holmes en su A Study in Scarlei (1887), sintió lástima por los investigadores de Londres.
El 8 de setiembre se reanudó la serie sangrienta. La víctima, otra muchacha que vendía su cuerpo al primero que pasara, se llamaba Mary Anne Nichols. Murió de la misma manera que las anteriores, con las vísceras sobre el suelo o estampadas sobre las viejas paredes de Whitechapel. Pero ahora aconteció una variante totalmente nueva. El asesino se retiró con una parte de las vísceras. Posiblemente para conservarla y recrearse con su contemplación, como lo hicieron mucho antes, en la historia del crimen, Gilles de Rays y el Asesino de la Medianoche que aterrorizaba en Notting Hill. O bien aquel otro que se llamó Vicenzo Vernezi, tan estudiado por Lombroso (L'huomo delinquenti, II, 168 y ss.), el cual se llevaba la ropa y las vísceras de la víctima para palparlas secretamente.
La cuarta prostituta asesinada fue hallada el 30 de setiembre en Hamburry Street. Se llamaba Annie Chapmann, acaso un nombre falso para ocultar la miseria y el delito. Y a ésta también le faltaba un riñon que tampoco fue a Scotland Yard. El asesino se había vuelto coleccionista (un coleccionista infernal para otros demonios del más allá). O bien se había desayunado con esa parte del cuerpo humano. Es una hipótesis posiblemente humorística que hubiera entusiasmado a Thomas de Quincey cuya definición del delito (On murder considered as one of the fine arts, I, II) no deja de tener una idea obsesiva sobre la importancia de la bolsa como instrumento para la conservación y el desayuno. Y como hipótesis no era una mera suposición, sino algo terminante, incuestionable. El asesino había cometido el crimen entre la medianoche y la madrugada. La antropofagia pudo haber sido estimulada por la hora, en un amanecer neblinoso, lleno de signos imprevisibles. Ahora sin embargo, hay un hecho insólito. Sobre la pared, a poco trecho del cadáver, escrito con tiza (la letra es impecable), hay un mensaje que incluye un desafío a todas las policías del mundo:

Esta es la cuarta y mataré muchas más antes de desaparecer


Jack the Ripper
El asesino, insistiendo en su desafío a Scotland Yard se autodenomina para mayor escarnio. Ahora es sencillamenteJack el Destripador.
Y el Destripador se burla de las reglas. Y también del Comité de Vigilancia, formado ante la indignación de la reina Victoria y la impotencia del jefe de policía Sir Charles Warren. En los primeros días de octubre, en una plaza, al oeste de Whitechapel, da cuenta de la quinta prostituta, Catherin Eddowers. Ahora, en un nuevo alarde de disección, le extrae los ovarios. (Cien años después un argentino recluido en Sierra Chica, realizará idéntico trabajo de los ovarios, "cazando" mujeres en la Pampa). El 9 de octubre, en Berner Street, siempre al filo de la medianoche, fue hallado el cadáver de Elizabeth Stride. Era la sexta prostituta. La séptima fue una muchacha de 20 años, asesinada en Dorset Street 26, en la misma casa en que recibía a su clientela. Se llamaba Mary Jane Kelly, y tenía fama de mujer hermosa. El Times, en una transcripción de Alan Hynd (Sleuths, Slayers and Swinclers, 1954) decía:

La infeliz estaba echada de espaldas sobre la calle totalmente despojada de sus ropas. Tenía la garganta seccionada de oreja a oreja, pero éstas y la nariz habían sido arrancadas por el asesino. Lo mismo sucedía con los pechos, colocados a su vez, en una mesita. El estómago y el abdomen estaban abiertos. El rostro mutilado, irreconocible en sus rasgos. Los riñones y el corazón, extirpados y puestos en la. mesita, junto a los pechos. El hígado, también extirpado, sobre el muslo derecho. El útero había desaparecido. Los muslos, por último, estaban lastimados. No puede imaginarse una visión más espantosa.

El asesinato de la Kelly fue el único hecho del monstruo en un lugar cerrado. Y acaeció cuando el Comité de Vigilancia había reforzado sus cuadros. Indudablemente, Jack el Destripador seguía puntualmente las reacciones de sus crímenes. Al advertir que las calles de Londres estaban vigiladas, optó por cambiar de táctica. Inclusive la que iba a ser su víctima creyó que estaba protegida esperando a la clientela en su propia casa. Aquí termina o se interrumpe la historia de Jack el Destripador. Y es aquí donde comienza otra historia memorable que me propongo relatar.

2. Las huellas del doctor Jekyll

Nunca se supo quién había sido Jack the Ripper. Conan Doyle, su contemporáneo, creador un año antes de Sherlock Holmes, en A
Study in Scarlet (1887), aventuró la posibilidad de su presencia mediante la aplicaón de los estudios dactilares emprendidos por Francis Galton en 1886. (El argentino Juan Vucetich no había publicado aún su Dactiloscopia comparada, que data de 1904). Pero nadie siguió sus consejos. Scotland Yard, adherida al sistema de las fichas antropométricas del criminalista francés Alphonse Bertillon, perdió definitivamente las huellas del Destripador. Al llegar a Londres en 1963, una circunstancia imprevista me hizo entrever la identidad del asesino. Transitaba yo por las calles del Soho cuando de pronto me detuve ante la vidriera de cierta extraña librería que semejaba el escaparate de un anticuario Un título borroso sobre fondo amarillo, sin indicación de autor, decía sencillamente: In Memorian: Jekyll the Ripper. A su izquierda se veía la primera edición de The strange case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde, de 1886, y a su derecha las Some college memories (1886), también de Stevenson. Sobre el primer libro, a una distancia de medio centímetro, había una estatuilla de madera que represetaba según averigüé después, una deidad demoníaca de Samoa, lugar en el que Robert Louis Stevenson falleciera a los cuarenta y cuatro años, como consecuencia de un derrame cerebral.
El título del primer libro (In Memorian: Jekyll the Ripper) me dejó fascinado, pegado a la vidriera. El apelativo, the Ripper, el Destripador, no correspondía al doctor Jekyll, el personaje de Stevenson, sino a Jack, el famoso asesino que se burló de Scotland Yard. Había una confusión deliberada, agravada por la falta de indicación autoral. Cuando entré por fin, el librero sonrió. Me dijo que el libro lo había escrito el mismo Steevenson en 1894, año de su muerte en Samoa, pero sin aditarle su nombre. Posteriormente sus herederos lo dejaron apócrifo. No obstante, él, bibliólogo más que bibliófilo, creía en la paternidad stevensoniana de la obra. El estilo de ésta y su enfoque sicológico eran similares a los de El extraño caso del doctor Jekyll y del señor Hyde. No discutí con el bibliólogo. Adquirí el In Memorian por un precio muy elevado, y compré también las Some College memories.
Después volví a la habitación del hotel. Me senté junto a la estufa con mi pipa, una botella de whisky y los libros. Afuera, golpeando la ventana, el viento más frío de Londres paralizaba todo fervor. Cuando comencé a leer el In Memorian: Jekyill the Rípper, tuve un estremecimiento premonitorio. Stevenson había conocido a Jack el Destripador mucho antes de que éste aterrorizara a Londres. Inclusive había permanecido indiferente cuando Conan Doyle buscaba una solución por medio de las huellas dactilares. La razón de todo esto podría estar, sin embargo, en que al publicar El extraño caso del doctor Jekyll y del señor Hyde, Stevenson ya daba por muerto al doctor Jekyll cuando en realidad seguía viviendo. El capítulo I del In Memorian: Jekyll the Ripper, estaba dedicado a la descripción del doctor Jek ("alto, de ojos azules, de fina sensibilidad") especialista en incisiones anatómicas, según una expresión de la época. El capítulo II describía los efectos de una droga inventada por éste para obtener la duplicidad del ser: "Mezcló los elementos. Vio cómo hervían y humeaban en la copa. Esperó el punto final de la ebullición y bebió la droga. Entonces sintió dolores desgarradores, como si todo el esqueleto se le descoyuntara. Tuvo náuseas. Su rostro, en el espejo, comenzó a ennegrecerse, como si un segundo ser, el yo profundo que llevaba oculto, pugnara por salir. Luego, aterrorizado, el doctor Jek se contempló distinto. Ya no era Jek. Era un desconocido con una mirada siniestra, llena de fuego, y un ímpetu que le recorría por la sangre y lo hacía estremecer. Espantado ante esa imagen del mal, volvió a tomar la droga y se recuperó en un instante". Pero el doctor Jek (cap. III) volvió al experimento, y cierta noche convertido en una encarnación demoníaca, se lanzó hacia las callejuelas tenebrosas de Whitechapel, iluminadas apenas por los languidecientes mecheros de gas. Este segundo ser, el espíritu del. mal, o Mr. Hyde en El extraño caso . . ., fue haciéndose más necesario para el doctor Jek. Más imprescindible. Sin embargo, sus felonías estaban signadas extrañamente por cierta tendencia a eliminar el mal en los otros, algo así como si la parte buena de Jek se lo impusiera en el desdoblamiento de la personalidad.
En Whitechapel, donde el doctor Jek se hacía pasar por Jekyll (In Mem., IV y VII), asesinó a dos prostitutas, una de las cuales ejercía de proxeneta entre los burgueses adinerados. Y en ambos casos las víctimas presentaban la misma incisión en el vientre: un tajo desde el ombligo hacia abajo, en una línea vertical, casi perfecta, y los intestinos dispuestos en un símbolo sinusoidal. Stevenson (o el supuesto Stevenson) no decía que también estuvieran degolladas de oreja a oreja. Pero no había duda de que Jek era ya el que luego habría de llamarse Jack el Destripador, modificando el Jek en Jack. Lo más arbitrario y obscuro de esta historia, es que la policía no investigó los hechos. Jamás supo de nadie que se llamara Jekyll the Ripper. Sólo hay una referencia perdida en el capítulo VIL un abogado de nombre Patterson (Utterson en El extraño caso ...) se dedicó a investigar por su cuenta la historia del doctor Jek en el barrio del Soho, a mucha distancia de Whitechapel.
La botella de whisky estaba ya por la mitad y el viento seguía arremetiendo contra el vidrio. Los relojes borraban la noche de Londres. Cuando dejé el In Memoriam: Jekyll the Ripper, pensé que todo estaba claro. Jek, convertido en Jekyll el Destripador, segundo Yo obtenido por retroversión de la personalidad, proceso esquizofrénico no muy estudiado entonces, era el mismo que luego había de volver a su estructura demoníaca en el Londres de 1888. Pero ya no sería Jekyll el Destripador sino Jack el Destripador. En El extraño caso del doctor Jekyll y del señor Hyde, la segunda persona, el segundo Yo, había de llamarse Hyde. Stevenson, indudablemente, tenía interés en ocultar la verdadera identidad del sujeto para convertirlo en personaje de su novela. No hubo mala fe. Incluso, cuando pudo haber aclarado los asesinatos de Jack el Destripador, ya estaba en camino de Samoa, en donde se recluyó hacia 1889, en el instante en que todavía parecía seguir actuando el asesino. Otra hipótesis que no deriva de la lectura del In Memoriam, es la de que el doctor Jek y Jack el Destripador eran expertos en el manejo del bisturí. Utilizaban el mismo procedimiento para las incisiones y desparramaban las vísceras formando extrañas figuras. Además, el título completo de la obra In Memoriam: Jekyll the Ripper, anunciaba implícitamente que se trataba de la misma persona. Pero, ¿por qué fue escrita en 1894 y no antes? Creo sin lugar a dudas, que el sentimiento de culpabilidad llevó a Stevenson a confesar tardíamente una realidad que antes había callado o había visto como posibilidad creadora. Y para que nada se le imputara, negó inclusive la paternidad de la obra. Porque al negarla quedaba a cubierto de toda sospecha, pero con la tranquilidad, para su conciencia, de haberse confesado.
Para mayor confusión, en las Some College Memories había una frase según la cual Stevenson estaría dispuesto a modificar la realidad. ¿Tendría esto algo que ver con la historia de Jek-Jekyll-Jack? Las memorias y el caso del doctor Jekyll databan de 1886, y el asesino, dos años antes de aparecer en Whitechapel, ya se dedicaba a iguales víctimas que las enumeradas por Scotland Yard en 1888. La confusión se hizo más acuciante con un tercer elemento que por lo ridículo he dejado para el final. El bibliólogo del Soho me mostró un pantalón azul, muy obscuro, que él había adquirido en Portland Street (a poco trecho de un hotel donde se alojara Mr. Hyde) que tenía dos iniciales tejidas con el "hilo peculiar" de la época: J.J. Estas iniciales respondían a la manía del doctor Jek de inicialarse toda su ropa. Cuando le observé por qué dos veces la inicial del apellido, me respondió: "Un desafío a Scotland Yard para que descubriera sus crímenes. Jek, como Jekyll en El extraño caso..., también se llamaba Henry".
Con esa contestación incoherente di por terminada en Londres mi investigación de Jack el Destripador. Al regresar a Buenos Aires, revisando mi archivo de crímenes, tuve una evidencia sobre la cual no me atrevo a escribir todavía. Jack el Destripador, desaparecido de Londres, había muerto en Buenos Aires, a los 75 años, en un hotel de la calle Leandro N. Alem, frente a la plaza Mazzini, hoy Roma, una mañana lluviosa de octubre de 1929.



Ezra Pound
Un salto al vacío

Nota Salida en Generaciòn Abierta 


Dijo que la historia era una conspiración, y la civilización occidental, el cuerpo de la usura. Proclamó la inutilidad del hombre en un mundo donde los banqueros regulaban el interés según sus necesidades. También comparó a Mussolini con Jefferson (Jefferson and or Mussolini), y el 26 de mayo de 1942, en plena guerra mundial, siguiendo su prédica contra Occidente y los Estados Unidos, dijo desde Radio Roma a los norteamericanos: "Cada reforma (...) es un acto de homenaje a Mussolini y Hitler. Ellos son vuestros líderes". Alentó el antinegrismo y fue un antisemita (Después, en la tarde del 28 de octubre de 1967, abjuró de sus errores llorando ante Allen Ginsberg).
La locura enjaulada
Detenido en 1945 por las fuerzas norteamericanas de ocupación, y encerrado en una jaula con tejido de acero, fue expuesto públicamente para que lo escupieran. El viejo Ez, como lo llamaban (había nacido en Hailel, Idaho, el 30 de octubre de 1885), debió dormir a la intemperie, bajo el sol y la lluvia, hasta que un soldado lo proveyó de un papel alquitranado : "Me tomaron por un peligroso hombre salvaje (...) Fui un animal de exposición", dirá el mismo Pound mucho después.
Procesado por traición (la requisitoria fiscal contenía 19 cargos) con la posibilidad de una sentencia de muerte, los psiquiatras que dictaminaron, incluido el de la defensa de Pound, argumentaron (hábilmente) que el acusado se hallaba en estado de alienación. Padecía de delirio interpretativo, y su visión del mundo estaba distorsionada por una exaltación patológica, propia de la paranoia. No era, por lo tanto, jurídicamente responsable. La unanimidad de los peritos lo salvaron de la muerte, y Pound fue internado en el manicomio de St. Elizabeth, al sudeste de Washington. Allí estuvo 13 años, al abrigo de ser "bajado de un tiro por los sicarios de la banda internacional", como le dijo en cierta ocasión a William Carlos William.
Allí, en la jaula, y luego en el St.Elizabeth, surgieron los Cantos pisanos, publicados en 1948, como un premio, el Bolingen-Biblioteca del Congreso, de 1000 dólares para el poeta encarcelado. En el canto LXXIV se identificaba con la historia y el mito: "Manes fue empalado y desollado / Y así Ben y la Clara a Milano / por los tobillos en Milán (...) "Soy nadie, mi nombre es nadie" (...) Huan Yin habló inaugurando (...) la confusión (...) y Till fue ahorcado ayer".
Del otro lado del ser
Su vida fue todo eso: la exaltación permanente del ser y los valores culturales. Un ataque al planeta, cuyo centro consideraba "un eructo-deparrandero". A los 15 años ingresó en la Universidad de Pensilvania, una de las tantas "cafeterías", como él decía, para estudiar idiomas. Obtuvo el título de profesor de letras. Después fue instructor del Wabash College, de Indiana. Perdió el puesto por haber llevado a su cama a una actriz demusic-hall que halló muerta de hambre bajo una tormenta de nieve.
Llegó a Londres en 1909. Estudió a los poetas del medioevo. Tradujo del chino, del japonés y del latín. Se enamoró de Dorothy Shakespeare, que mucho después sustituyó por Olga Rudge, y se rodeó de sinólogos y confucianos como P. S. Flint, T. E. Hulme y Ernest Fenollosa. Lanzó la edición europea de Poetry, dirigida por Harriet Monroe en Chicago, y fue jefe del movimiento imaginista (Imagist, imagista), junto con Hulme, Hilda Doolitle, Richard Aldington, William Carlos Williams y Amy Lowell, cuya antología, Des Imagistes (1914), inició la batalla por el vanguardismo.
El imaginismo proclamaba la imagen como sustancia y no como ornamento, el rigor del verso libre y la secuencia rítmica, musical, de la frase poética. Pero Pound, siempre cambiante, inestable, dejó Poetry por Blast(sólo 2 números) y se pasó al vorticismo que, con alguna variante, sostenía la misma doctrina de integración entre discurso y metáfora. Es la época en que ayuda a publicar a T. S. Eliot, James Joyce y otros valores jóvenes.
Poesía virtual
En 1917 publicó sus 3 primeros Cantos y el Homenaje a Propercio. En 1919, su extraordinario Hugh Selwyn Mauberley, en cuya "Oda para la elección de su sepulcro" (E. P. Ode pour l'election de son sepulcre) expresa: "Durante tres años, a contramarcha con su tiempo / Luchó por resucitar el fenecido arte / De la poesía, por mantener lo sublime".
Los Cantos, la obra poética más singular de nuestro siglo, se continuaron en distintas épocas: Cantos I-XVI (1925), Cantos XVII-XXVIII (1928), A Draft of XXX Cantos (1930), Eleven New Cantos (1934) yCantos I-LXXXIV (1949). Después aparecieron nuevos cantos. En 1956 llegaban a 96.
Influido por Robert Browning, tomó de éste la significación de máscara como instancia dramático-expresiva para tratar los distintos momentos del objeto poético. De esta manera, con una escritura alógica y automática, mezclada de referencias y transcripciones eruditas, creó un poema original de asociaciones interliterarias, cuyas claves, pese a la supuesta oscuridad de los cantos, se hallan en los mismos versos que sostienen el poema.
También modificó su antigua concepción de la poesía. En el imaginismo hablaba del objeto en sí como un símbolo y oponía la imagen a su estatismo. La imagen, un encuentro en el tiempo, modificaba lo experiencial, el anaforismo que sólo se alimentaba de espacio. De inútiles repeticiones objetales. Ahora, en los Cantos, o Cantares como él quería, la imagen se volvía virtual, quedaba detrás de la imagen en sí misma.
Alimentaba el significante con un daimón en el que se resumía el mito, la historia y la erudición. La imagen virtual fundaba otra semiosis que a veces se resolvía en una hipótesis casi siempre expresada en sentido coloquial.
Dice en el extenso y totalizador canto LXXIV: "Este líquido seguramente es una / propiedad de la mente / nec accidens est sino elemento / en la estructura mental / est agens y funciona polvo a la taza de la fuente si no / ¿Acaso has visto la rosa en el polvo de acero? / (¿o el pulmón del cisne jamás?) / tan leve la sugerencia, tan bien dispuestos los pétalos negros de hierro, / nosotros los que hemos pasado el Leteo".
La hipótesis es ostensible. El agua es la mente. Y la mente la historia del ser.
Cuando Ezra Pound murió en Venecia el 1° de noviembre de 1972, había completado 120 cantares. En ellos, por encima de los errores y la falta de ética que envolvió su prédica desde Radio Roma, vivirá para siempre uno de los más grandes poetas de la era cibernética.
Dos poemas de Ezra Pound
CANTO LXXIV
Luz atrayente immaculata
..el cíngulo del sol inmaculado
"sunt lumina" dijo el irlandés al rey Carolo,
........"OMNIA,
todo lo que es, es luz"
y lo sacaron de la sepultura
sedicentemente buscando maniqueos.
Los Albigenses, un problema de la historia
y la flota de Salamina armada con dinero prestado
......por el estado a los armadores
...........Tempus tacench, tempus loquendi.
Jamás dentro del país para mejorar el nivel de vida
pero siempre en el extranjero para acrecer las
ganancias de los usureros.
...........dixit Lenin,
y el vender cañones lleva a vender más cañones
...no se harta el mercado de cañones
.......no hay saturación
Pisa, en el 23avo año del esfuerao ala vista de
...la torre
y ayer colgaron a Till
por asesinato y violacion con aderezos  más
.....Cólquide
.....mis mitología, creía que creí el ¡eus carnero
.....u otro.
CANTO CXX
He intentado escribir el Paraíso
No os mováis
.........Dejad hablar al viento
...............ese es el Paraíso
Que los dioses perdonen
............lo que he hecho
Que aquellos que amo traten de perdonar
............lo que he hecho.
........................................EZRA POUND

Nota Salida en Generaciòn Abierta 



LA LITERATURA FANTÁSTICA, por Juan-Jacobo Bajarlía (1914-2005)

Del libro “Historias de monstruos”, de Juan-Jacobo Bajarlía

El crimen, por tanto, es un hecho absurdo cometido contra la regularidad del mundo causal. Lo fantástico también es un absurdo, pero proyectado contra la irregularidad de las leyes físicas. Esto no excluye la regla anterior. En lo policíaco y lo fantástico hay una relación de contacto a través de la absurdidad. Si buscara una evidencia, podría reforzar el pensamiento de Alain Robbe-Grillet en
 Les gommes (1956).En lo fantástico se presenta el mismo elemento que en lo policial. Existe el mal y existe el bien. Y con ellos el arquetipo odiseico que destruye y es destruido. Pero la dimensión es distinta. El absurdo tiene un sentido de lo maravilloso que en lo policíaco no se comprueba o que sólo queda oculto en la serie infinita de realidades. Está sostenido más directamente por el símbolo, encarnación que cubre lo infinito, según afirmaba Carlyle(Sartor resartur, III, 3). Es una acción apofántica que oculta otra cuyo significado puede verificarse (Corpus hermeticum, 1471, lib. I). Y en este caso no interesa el quebrantamiento o no de la ley causal (es decir, la transgresión de la ley natural). El hecho fantástico, a través del símbolo, se da en el mismo sentido.
Los relatos fantásticos más antiguos fueron egipcios y se escribieron entre el siglo XIII y el XIV a. de J.C. Los reunió Máspero en Les contes populaires de TEgipte ancienne (París, 1889). En uno de ellos, el Satni,su protagonista lucha contra los magos y las momias a las que el Espíritu Maligno ha dotado de habla. En otro, la princesa Baktán, poseída también por el Maligno, anticipa la introyección del Dibouk por la Cábala.
Algunas fábulas del Pantschatantra (s. ni para ciertos autores) no dejan de ser fantásticas, como aquéllas de la niña convertida en rata. También debemos considerar como fantásticas Las metamorfosis, de Ovidio, y otras piezas anónimas del mismo siglo (el I a. de J.C). Recordemos una sola de quien debió enfrentar la permanente iracundia de Augusto: la que se refiere a Pigmalión. Cuando éste de las impúdicas Propétidas, juró permanecer célibe. Pero enamorado de una estatua que había esculpido, pidió a los dioses le dieran vida. Venus, compadecida, promovió el milagro un día en que Pigmalión, después de acariciar y besar a su mujer de mármol, quiso yacer con ella. La estatua comenzó a ruborizarse. El fuego llegó a lo más profundo de su frialdad. Se hizo carne. Y de ese extraño connubio, Pigmalión tuvo dos hijos: Pafos y Ciniras. Ciniras, a su vez, tuvo una hija, Mirra, que se enamoró del propio padre, en cuyo lecho se tendió una noche, ayudada por su nodriza. Cuenta Ovidio que el incesto se repitió muchas veces con la complicidad de las tinieblas. Pero al fin descubierta por el padre una noche en que hábilmente encendió las luces, huyó desolada y culpable hasta cubrirse de corteza y raíces. En unos segundos –escribe el poeta– quedó transformada en árbol hasta el vientre. Su sangre se hizo savia. Sus brazos se convirtieron en ramas. Sus cabellos en hojas. De su vientre, antes de que se operara la metamorfosis total, advino el hijo del incesto que recogieron las Náyades (lib. 10, III).
Luciano de Samosata en nuestra era (s. n), acaso el primer filósofo de la historia, fue también contra su propia concepción, un inventor de argumentos fantásticos, como lo prueba su extraño Philopseudes. También es fantástico el viaje metafísico del Hay Benyocdan (s. II), en el cual, Hay, el protagonista, amamantado y criado por una gacela, desciende a las profundidades del alma a través del movimiento circular. (No debemos confundir esta obra con el Hay ben Yagzan, de Avicena, de distinta doctrina).
Otra fuente de lo fantástico es el libro de Las mil y una noches (Abil Leylah voa Leyhh), cuya redacción definitiva ha sido fijada entre 1475 y 1525. Sus cuentos no son totalmente arábigos. Los temas fantásticos son indios. Esto lo previo Augusto Guillermo Schlegel en carta del 20 de enero de 1833 a Silvestre de Sacy, cuando se refirió a las 32 historias de las estatuas mágicas y a los cuentos del papagallo (Cutasaptati o Libro del Papagallo). Advirtió un número de sustituciones, verificables en algunos casos: Salomón por Visvamitra, Corán por Vedas. En uno de sus cuentos, los cuatro representantes de las principales religiones, son convertidos en peces de color. Estos cuatro representantes son las cuatro castas de la India. Para ciertos eruditos, Las mil y una noches es un libro apócrifo. Se trata de un conjunto de cuentos indios, persas y acaso griegos, contenidos en el Hezar Efsamer o Mil cuentos (siglo VII), de cuyo título derivó el de Las mil y una noches.Lo cierto es que nos sigue fascinando. Lo prueba “El juramento del cautivo”, incluido por Borges y Bioy Casares en losCuentos breves y extraordinarios (1955). No repararon, sin embargo, que donde dice “Salomón, hijo de David”, debió decir Visvamitra, hijo de Qadhí. Los mismos autores volvieron a Las mil y una noches en el Libro del cielo y el infierno(1960). Y Borges, en Historia de la eternidad (1953), estudió sus traducciones y apocricidades.

Si a estas referencias agregáramos los mitos nacionales o transmitidos, pondría en lugar inalienable el mito argentino del
kakuy, cuya primera versión –me refiero a la escrita– la realizó Rafael Obligado en los octosílabos de El cacuí, escritos en 1894. De éste, con igual sentido que el de una fábula para niños, ad usum Delfini, lo tomó Ricardo Rojas en El país de la selva (1907). Prescindiendo de esta fábula que aún se repite, convendría decir que el incesto convierte a la hermana en pájaro, porque el hermano ha violado la ley del padre. Es una tragedia de instancia teriomórfica y totémica que ya estaba implícita en las apreciaciones teóricas de Frazer (Totemísm and Exogamy, I). Creo, indudablemente, que en una historia de lo fantástico, no podríamos apelar a los mitos. La mitología es una estructura anónima elaborada en el tiempo. Lo fantástico, en cambio, es el mito inventado individualmente. Tiene un autor conocido.He omitido a Flavio Josefo, su misterioso relato de la fuente de Jericó, cuyas aguas dejaron de influir maléficamente en las mujeres, para convertirse en fecundantes por obra de Elíseo(Guerra de los judíos, lib. IV, cap. VIII, 3). O esa otra historia delTalmud (2, XXI, 13) en cuya balanza de ultratumba pesó mucho más un grano de arena que el cráneo de un justo. O el relato de la mujer de Pites, recordado por Plutarco (Tratado sobre las mujeres, s. I), que ofreció a su esposo manjares de oro para combatir la desmedida ambición de riquezas. O esos seres apofánticos que llevaban implícita la otra imagen –semper tomen in corpore ocultam, Evam–, según escribía Gnosius en suHermetis Trimegisti (I, 3). O los actos mágicos de los textos proféticos del Chilam Balam (Primera rueda). Recuerdo el de la doncella que se introduce desnuda en las aguas mientras los demás danzan y recitan fórmulas enigmáticas para atraer al ser esquivo). O el robo de hombres de la tribu de Vuv Amag por parte de Balam-Quitzé, Balam-Acab, Iquí-Balam y Mahucutah cuyas huellas eran de tigre (Popol-Vuh, TV, cap. II).
Ext de  epanadiplosis 




                                                             LOS ASESINOS ("ASHASHIN")

Nota Salida en El gato del espejo 

A la secta herética de los ismaelitas, en el siglo xi, correspondió el "honor" (o la felonía) de acuñar la palabra asesino, nombre que derivó del hashish o haxix, droga extraída del opio que se administraban sus integrantes, como lo da a entender Marco Polo (Líber milionis, XXXI). Entre las víctimas de esta secta, se hallan Conrado, rey de Jerusalén, Abdul Jorasat el Inmaculado, Malabel el Silencioso, Raimundo de Trípoli, dos califas de Bagdad, el Gran Visir de Egipto, un Sha de Persia y otros prohombres del medioevo. Su jefe se llamó Aloadín, o sencillamente el Viejo de la Montaña, como lo menciona el aventurero veneciano. Pero su nombre verdadero es posible que fuera el de Hasan Ibn Al Sabbah, según anotan J. B. Nicolás (Les quartains de Kheyarn, 1867) y el erudito cordobés José E. Guráieb. (Este último nos dice, en la Introducción a las Nuevas Rubaiyát, 1959, que "Ese Hasan Ibn Sabbah, fue aquel famoso Caudillo de la Montaña, llamado erróneamente por el Viejo de la Montaña, o "Cheik Al Yabal", jefe de la secta de los ismaelitas").
Aloadín (digámoslo así para abreviar) ejercía, como jefe de la secta, funciones de califa. Había sido condiscípulo de Omar Al Jayyam y Nizam Al Mulk, en Nisapur, donde los tres estudiaban el Qorán, según constancias de este último en la Wasíah que escribió para celebrar los acontecimientos más memorables de su vida. El fue el primero que testimonió sobre el carácter de Aloadín: un hombre pendenciero e intrigante, contra el cual debió luchar a pesar de haberlo protegido siendo visir. Conspiró, por tanto, contra Nizam Al Mulk, y al ser descubierto por éste, Aloadín se refugió en la fortaleza de Alamut, en Rudbar, sobre las montañas cercanas al mar Caspio. De ahí la denominación impropia de Viejo de la Montaña.


En esa fortaleza enclavada en un valle de difícil acceso, Aloadín tenía un paraíso terrenal, donde sus iniciados muchachos de 12 años, se drogaban con el hashish que él ofrecía mientras impartía su enseñanza. "Matar a un malvado –decía– es una bendición de los cielos, porque ellos, los malvados, están en la tierra para usurpar el derecho de los seres bondadosos". (Acaso fue ésta la primera norma sobre el regicidio que Maquiavelo y el Padre Mariana habrían de exaltar siglos después). Cuando los heréticos estaban ebrios por el opio, Aloadín introducía un conjunto de falsas huríes, muchachas no menos jóvenes que los iniciados, y comenzaba una danza fascinante, mientras las cañerías del palacio-fortaleza, suministraban miel y vino (Liber, XXXI; Ibn Al Levy, II, 21). Los goces terrenales del Alamut, eran semejantes al paraíso de Mahoma. Después, Aloadín les mostraba los muros del palacio, con murales excitantes, donde la desnudez y los alimentos se concretaban en un sueño insaciable. En uno de estos muros, el que daba hacia el valle y sus jardines diabólicos, había una inscripción del poeta persa Abulkasim Firdusí (Libro de los reyes, c. IV), que decía:
Todas las noches su cocinero [el de Zohak] mataba a dos jóvenes y les extraía los sesos con los que luego cocinaba un alimento para las serpientes del monarca.
Cuando los heréticos, también llamados hashashin o asesinos (Baudelaire refuerza el concepto en Le poéme du haschisch, II), regresaban del efecto del hashish y se hallaban entristecidos por haber perdido las visiones del paraíso, resolvían la eliminación del enemigo más próximo de Aloadín. Era el único recurso para volver a los goces terrenales y a las delicias de los jardines diabólicos. Entonces echaban la suerte, y el elegido salía del Alamut para confundirse, disfrazado, entre aquellos donde el sentenciado por Aloadín, habría de perecer. A la vuelta del asesino, cumplida la misión, el paraíso volvía a concretarse, y el héroe imponía su voluntad al juego de las huríes. Era un privilegio que duraba 24 horas. Después, en otro ciclo semejante, se resolvía el próximo asesinato.
Fue tan temido el Caudillo de la Montaña, que no hubo príncipe que no buscara su protección. Conocían su ira y el efecto de su fanatismo. Pero su imperio fue sofocado por la deserción de El-Haddar, uno de los ashashin. Denostado por Aloadín, huyó un día de la fortaleza y se unió a las huestes de Hulagu. Éste lo recibió con desconfianza. Su relato fue tan verídico y atroz, tan detallado, que el gran guerrero acabó por admitir la sinceridad del desertor. Hulagu llevó a sus hombres hacia el Alamut y le intimó la rendición al Gran Asesino. Éste desoyó las amenazas, y el guerrero estableció un cerco que duró tres años, al cabo de los cuales casi todos los defensores del Alamut perecieron por hambre. Entonces Hulagu ordenó la embestida final, y la fortaleza fue destruida en 1135. (Ibn Al Levy, II, 23, dice en 1265). Cuando el libertador entró en el reducto de Aloadín, éste, asesinado por su propia mano (autoasesinado) yacía con un puñal que le atravesaba la yugular. Se supone que quiso morir lentamente, ocho siglos antes de que Krafft-Ebing acuñara la palabra infamante extraída del nombre de Sacher-Masoch.

Juan Jacobo Bajarlía. De Historias de monstruos. Prólogo de: Leopoldo Marechal
EDICIONES DE LA FLOR (1969








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